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Les ha llamado pinceladas de agua y retrata con sus colores una parte de la Venecia cercana al mar, en la hermana Italia, a la vuelta de la ola. Hela ahí tangible, para ser devorada por los cinco sentidos humanos, para ser palpada como dama invisible, por las yemas de los dedos alargados emulando a los dioses invisibles. Como escribe nuestro, gran filósofo, paisano de Cerezo, la pintura de este maestro atraviesa el fantasma traumático de los trasmundos, "porque está todo aquí, en su sonriente levedad... en su vibrante instantaneidad"... ¡Ah Venecia acuosa de Cerezo, cuán paralela eres a esta del aire, quieta pero vibrando en los celestes instantes de eternidad conquense! ¡Ven con nosotros, divino Cerezo: a pintar!
RAÚL TORRES/LA TRIBUNA DE CUENCA |