Z A C A R I A S  C E R E Z O

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REALISMO A LA VISTA

Ordenando sus sensaciones e ideas, Zacarías Cerezo ha construido su mundo artístico en el que la belleza y perfección siempre ha sido la premisa principal de su silogismo vital y su lenguaje pictórico.

En su constante búsqueda, su mirada inquieta y ardiente, siempre ha inquirido la perfección de las ideas. Por eso cuantas veces nos asomamos a su imaginación a través de sus cuadros, nos sentimos tentados a tocar aquella belleza plástica que retrata en sus chumberas, piteras, sendas de la huerta con sus palmeras cargadas de generosamente de dátiles, calles de Cehegín que borda con su pincel... Sus cuadros no copian la naturaleza, sino que nos dan la naturaleza misma.

Zacarías no es un ecléctico displicente, sino un acertado observador de la realidad artística; no es pasional en su pintura, sino armónico en su hacer pictórico; no es exuberante, es equilibrado; no se trata de un manipulador de la realidad, sino de un incansable buscador del equilibrio que hay en las cosas; no es un inquieto buscador de lo exótico; sino firme y seguro generador de belleza a partir de elementos tan simples como el juego de luces y sombras que se produce en la naturaleza.

Sentimiento e imagen caminan por senderos distintos, pero siempre se encuentran en sus obras.

Seguro que los cuadros que hoy desfilan ante la inquieta mirada d elos cehegineros, gracias a la generosidad de Caja Murcia, hablarán muy claro de un pintor lanzado a la magia de la creación artística marcando muy fuerte su presencia.

Fr. Juan Antonio Díaz


 
   

ZACARIAS CEREZO: LA MIRADA IMPRESIONISTA

 

Zacarías Cerezo no pertenece a la aristocracia de la pintura, ni tiene ascendencia o raíces pictóricas. Lleva  su propio bagaje. Y en su retina dotada de una privilegiada sensibilidad, todo su tesoro no aprendido sino mamado en su tierra. Peregrino d ela luz, sencillo, pero con aspiraciones, perspectivas y posibilidades; siempre bañado en la luz del Mediterráneo, el mar mas azul del planeta; y tras la huella de Sorolla, el pintor de la "contundencia impresionista".

Zacarías pertenece a esa joven generación que, partiendo de la disciplina del dibujo, se ha convertido en auténtica realidad, por su mensaje colorista y su estético respeto a los espacios. Rasgo rápido; sus ideas fluyen y se proyectan en el lienzo como misteriosas emanaciones de un surtidor.

La incursión atinada al óleo, la diversidad en el tratamiento de sus obras, el rechazo a los temas convencionales y a la búsqueda de la luz -una constante en los trabajos de Zacarías Cerezo- son algunas de las características orientativas para entender y valorar su actual exposición.

Pintor laborioso y exigente; sentimental y sensible; sincero y leal, que mira la huerta y sus calles, con la candidez y naturalidad tan franciscana como artística. parece decirnos con el poeta: "Si, somos la misma cosa tu y yo, naturaleza".

Palmeras que parece las tornea y acaricia con su pincel; paisajes del valle de Ricote, esquinas y fachadas de Murcia, entre las que sobresale la catedral, eterna vigía de la huerta; caminos entre limoneros y cañares que se pierden en la perspectiva; molinos que antaño moviera el agua; piteras azucaradas por el color; higos chumbos y otras riquezas de su imaginación, constituyen el tesoro artístico que nos ofrece este joven pero experimentado maestro del pincel.

Zacarías, tan independiente en su carrera artística como en el resto de su vida pretende aprender de todos; y lo consigue, pero siendo él mismo, De vocación autodidacta, disciplinado e intuitivo se vuelca en sus obras hasta las últimas consecuencias. Su afición por el impresionismo, nunca le apartará de la cuidada realidad, (con la que disfruta), dentro de la mas natural espontaneidad en la fusión de colores. Y así como Zuloaga posiblemente sea el último gran artista de la tradición pictórica en la España de hoy, Zacarías, lo sea en la murciana.

No obstante, en su aventura artística, lo vemos sin pretensiones fantasiosas de imaginaciones atosigadas, Simplemente nos da lo que percibe su mundo visual. Y es que nuestro pintor ha comprendido a la perfección que - como dice Martín González- la sensación alimente ala vista, que es la puerta de toda nuestra experiencia. En una palabra; Prefiere al clasicismo (mas cerebral), el impresionismo, que siempre va a la caza de lo fugitivo; de lo vivo, de la luz.

Zacarías baña todos sus cuadros con la pasión que retrata un gran amor por el terruño,"tembloroso de rocíos mañaneros y anocheceres otoñales"; todo en su mas recatado intimismo, hasta el punto que podría decir con el Monstruo de los Ingenios en sus "Soledades":

No sé qué tiene la aldea

donde vivo y donde muero,

que, con venir de mí mismo,

no puedo venir mas lejos.

Auguramos a todo el que se acerque a su pintura, una grata y gran impresión. Le hará pensar. Porque sus cuadros se clavan en lo mas hondo, por el mimo con que cuida sus minúsculos detalles y su rica policromía, tanto en sus óleos como en sus acuarelas, cargadas de luminosidad. Los cuadros de Zacarías resultan elocuentes con el lenguaje pictórico, porque de un vistazo, vacía su pensamiento en el nuestro. Su demonio pictórico será la pasión por la línea y el detalle. Su norte, Cézanne, Zorn, Sorolla, Zuloaga, etc. Su ilusión, el pincel. Sus admiradores, nosotros. Su premio, un ¡olé!

1992

Fr. Juan Antonio Díaz García

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