Z A C A R I A S  C E R E Z O

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                  CHICAMO, EL RIO DE BARRO

 

                    Es preciso reclamar la atención sobre la muestra que un pintor silencioso, como es Zacarías Cerezo, presenta en la sala de la Cámara de Comercio. La exposición se titula “Chícamo, el río de barro”, y gira en torno a los alrededores de Abanilla, por donde fluye (?) el mentado protagonista. Son medio centenar de acuarelas, que alumbran sequedad, abandono, ramblizos, chumberas, almendros en flor y pequeños oasis.

                     Para quienes no se consideren exegetas absolutos de la pintura, y todavía crean que, por muy avanzados que se fabriquen los moldes, siempre habrá una forma personal y atractiva de interpretar el paisaje, la colección de obras de Zacarías Cerezo encierra una emocionante visión. Hay obras, en las que la luz es un reflejo manifiesto de un atardecer o de un amanecer; y hay juegos de colores llenos de autenticidad.

                   Todas las características que pueden conservar un paisaje natural, y de inhóspita apariencia, brotan en estos cuadros, pero el autor no ha falseado las obras, para hermosearlas indecentemente; más bien, las ha recogido, primorosamente, desentrañando su interioridad. No hay falsa poesía en una luminosidad irreal. Hay, sí, palmeras que se agitan en su soledad, y muestran su dominio del horizonte. Hay árboles retorcidos por el abandono y ruinas que transmiten la importancia que tuvieron en su momento de esplendidez.

Pedro Soler

La Verdad 13 de enero de 2006